lunes, 1 de diciembre de 2008

Un bar, un nombre y una historia entre las calles de Buenos Aires

Ella, la calle y a unos cuantos metros el bar.
Foto: Juan Alfaro

Entre los típicos bares de la ciudad, desde los más tradicionales y antiguos, hasta los más modernos se encuentra uno muy especial. Su nombre desató un vuelo a la imaginación.


Ella trabajaba en Capital Federal, en el “exquisito” barrio de Belgrano Residencial, más reconocido por la gente de alta alcurnia o de la alta sociedad como “Belgrano R”, y que es pronunciada de manera que la última letra solitaria quede extendida en el aire.

En su humilde trabajo, alienante, como todos (trabajaba como empleada doméstica, aunque nunca logró domesticarse), siempre volaba en sus pensamientos por otros rumbos. En los viajes de vuelta a su casa (lo más esperado), volvía en los colectivos de Buenos Aires que, como es común, te pasean por toda la ciudad.

Ella siempre fue de observar los pequeños detalles. Ese es su pasatiempo favorito en los viajes y, como también es su costumbre, se deja llevar por los más fascinantes pensamientos incoherentes imaginando miles de historias.

Pero esta tiene una particularidad por lo bello, lo exótico, lo extraño, lo extravagante entre otras cosas, llama la atención de cualquier persona. A ella le llamó la atención un humilde bar-café antiguo en sus formas, modesto en su estructura. El local se encontraba a pocas cuadras de su destino final, el barrio de Once.

El azar le tenía preparado una carta bajo la manga con un cambio inesperado. Conoció el bar luego de la tragedia del local bailable “República Cromañon” donde murieron 196 personas, a pocas cuadras de la estación de trenes de Once. El colectivo 19 que va desde Plaza Miserere (Once) hasta Belgrano, tuvo que cambiar su recorrido porque la calle Bartolomé Mitre -por donde ingresaba a la plaza- se mantenía cerrada por el incidente.

Aunque siempre pensó en bajarse del colectivo para conocer más sobre este café nunca lo hizo. El apuro de llegar a la facultad a cursar alguna materia o simplemente a su casa, pesó mucho más en ella, que aquella curiosidad que le generaba querer entrar al bar y charlar con los mozos o mozas, con sus dueños o simplemente sentarse en una mesa a tomar un café para observar en silencio. Todo este entretejido tenía un solo nombre.

Este simple bar tenía una peculiaridad que le llamaba la atención, no era como cualquier otro de los tantos que se encuentran esparcidos por la ciudad. Tenía un nombre especial, se llamaba: “Cómo te extraño… Clara” (inclusive con los puntos suspensivos).

Ella siempre pensó que Clara era querida alguien. Pensó que a Clara se la recordaba con amor y añoranza. Pero: ¿Quién era Clara? Podría ser una hija, una madre, una esposa, una simple mujer, una amante. Clara era una mujer a la que se quería y a la que se extrañaba.

Clara se había transformado para ella, en miles de historias y también en poesía. Los puntos suspensivos del nombre le dejaban abierto a todo tipo de pensamientos. Clara, para ella ya no era un simple nombre, era imaginación. Siempre quiso saber quién era Clara pero en el fondo, ella ya la conocía. Y tal vez, nunca bajó del colectivo para averiguar más de aquel nombre, por miedo a desconocerla.

Cuando los tiempos de la vida fueron otros, y el reloj de las ocupaciones se paró para dar lugar a esos cortos respiros a los que los humanos están pocos acostumbrados; ella se dirigió nostálgicamente al bar con el ansioso deseo de saciar su más profunda curiosidad.

En el letrero del bar las manos de su creador resaltan su sentimiento en cada dibujo y firulete.
Foto: Juan Alfaro

Aunque solo fuese tomando un humilde café en algunas de aquellas mesas de madera que daban a la calle y que ya conocía por fuera. Pero lamentó que ese día el bar haya estado cerrado, tal vez para siempre, porque parecía que ya nadie habitaba en él.

Sin embargo, ese lugar aún conserva su rustico cartel con su nombre. Aquel simple nombre que fue algo maravilloso para ella y que nunca dejeará de imaginarlo.

“Como te extraño… Clara”.

jsalvatierra@prensamercosur.com.ar

Fuente: APM

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