miércoles, 5 de noviembre de 2008

Omar Chabán volvió a declarar ayer en el juicio por la masacre de Cromañón

Miradas ausentes
Omar Chabán volvió a declarar ayer en el juicio por la masacre de Cromañón. Minutos antes, el juez Marcelo Alvero les pidió a los familiares de las víctimas que bajasen las fotos de los chicos. Una solicitud, que lejos de toda formalidad, es un fiel reflejo de lo que la Justicia, y gran parte de la sociedad, no quieren ver.

Por Luis Zarranz (AW)

"Les pido a los padres, que bajen las fotos (de sus hijos muertos)".

La declaración del juez Marcelo Alvero, encargado de presidir la jornada de ayer en el juicio por la Masacre de Cromañón, es por demás elocuente. La frase alcanza, digamos que casi por sí sola, para dimensionar la lógica judicial.

Las caras de las víctimas de Cromañón debían bajarse, desplomarse, esconderse para que el juez pudiera ver vaya a saber qué cosa. O será que a la Justicia le pesa sus miradas. O será que, desde sus fotos, los únicos que acusan son ellos. O tal vez sus rostros, todavía alegres, sean demasiado para esta Justicia, cuyo paradigma es, precisamente, tener los ojos tapados.

"Orden en la sala", debe haber gritado el magistrado al ver que los familiares se retiraban con sus fotos bien en alto, no dispuestos a permitir una (nueva) bofetada.

En ese marco, con mucho orden, sí, pero con mucha más impunidad, Omar Chabán volvió a declarar.

Decir que el hombre es un inescrupuloso puede ser demasiado cierto, pero jamás una novedad. Desde aquel 30 de diciembre mismo -mientras pasaba por la caja para quedarse con la recaudación, minutos antes de fugarse, cuando Cromañón era ya una cámara de gas asesina- llamarlo "inescrupuloso" es, convengamos, tratarlo con respecto.

No es, ni por asomo, el único culpable, de la Masacre pero que comparta culpas no significa que lo sea en menor medida.

En el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Criminal 24, Chaban, sin las fotos de los chicos mirándolo a los ojos, volvió a brindar testimonio. Allí acusó a un joven que, curiosamente, esta misma semana aseguró en la revista Gente (dónde sino), haber tirado pirotecnia en medio del recital de Callejeros.

Además, el propio gerenciador del boliche sostuvo que Cromañón no tendría que haber estado habilitado porque tenía conexiones con el hotel lindante. Claro. Eso ahora. Antes, pagó cuanta coima le fue solicitaba por la Policía y los inspectores ibarristas que peleaban, cabeza a cabeza, por quién era el más corrupto de los dos.

Ya como si fuera un atentado a la razón, Chabán contradijo a la mayoría de los testigos, que aseguraron que aquella noche había asegurado que había 6.000 personas. "Yo dije que había seis mil personas, pero estaba mintiendo, no decía la verdad, era un discurso de cuidado y lo dije exagerando para que el público se sintiera bien, porque eran muy cholulos. Mi sentido era la toma de conciencia", remarcó.

Dentro de un par de años, ¿también dirá que mintió en el juicio pero que como nadie puede acusarse a sí mismo, era lógico que lo hiciera? ¿Cuál será su próximo embauco?

Es una pena que no todas las víctimas de Cromañón hayan podido interpelarlo, desde esas fotos que sostenían sus familiares. Es una lástima que la Justicia ponga tanto énfasis en cuestiones como éstas, y poco y nada (más de lo segundo que de lo primero) para juzgar a todos los responsables (muchos de los cuales continúan en la más absoluta impunidad) de la muerte de 194 jóvenes.

Pueden argumentarse cientos y miles de razones y de motivos sobre porqué no se permite levantar la imagen de las víctimas. Están en todo su derecho, quienes atraviesan estas líneas, en plantear que, a esta altura de las cosas, se trata de una cuestión menor.

Quien esto escribe tiene la idea de que, también a esta altura de las circunstancias, la orden de bajar las fotos de los pibes, tiene una significancia que excede a su significado.

No quieren que los bajen: lo que quieren es que no estén. Eso quieren. Porque su sola presencia, en fotos, es la acusación más cruel, más justa, más exacta de la masacre.

Les jode su estampa. Los altera. Los perturba. "Una imagen vale más que mil palabras", se pregona desde hace tiempo. Y esas caras, esos rostros adolescentes, rebeldes, espontáneos, tiernos, tienen la particularidad de que, al verlos, sea casi imposible no dimensionar todo sobre lo que Cromañón echó humo. ¿Y cuántos son los que, tampoco, miran esa foto?

Ayer Chabán se preguntó: "Pero acá, ¿qué estamos haciendo, estamos buscando la verdad o estamos haciendo un juego de simulación?".

No más preguntas, señores jueces.

AGENCIA DE COMUNICACIÓN RODOLFO WALSH

Estas son las caras que muchos no quieren ver
Para ver las más imágenes www.quenoserepita.com.ar/image
La web de los familiares de las víctimas de Cromañón www.quenoserepita.com.ar

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